Venezuela,un guayabo a flor de piel.

Venezuela,un guayabo a flor de piel.

Recuerdo cuando era joven, y escuchaba las historias de mis amigos,de ascendencia europea, acerca de cómo sus padres o abuelos habían emigrado a Venezuela. Algunas eran desgarradoras, otras eran menos tristes, pero todas habían dejado una huella indeleble en aquellos hombres y mujeres, que tuvieron que dejar atrás todo. Sus vidas, familias, amigos, que tuvieron que transformar sus sueños  sabor italiano, aroma español y portugues,  y vestirlos con los colores de nuestro tricolor patrio.

En ese momento, jamás me habría cruzado por la mente que, cuarenta años más tarde, serían sus descendientes quienes estarían retornando al país de sus abuelos. O esos mismos inmigrantes que llegaron muy jóvenes aquí, estarian regresando a su país de origen. De nuevo renunciar a familia, amigos,  ilusiones y entorno con sabor y aroma venezolano, para re-conocer de nuevo la tierra que los vió nacer.

Pero mucho menos, se me habría ocurrido que miles de compatriotas, de absoluta ascendencia criolla, estarían repitiendo el mismo patrón. Aquellos inmigrantes, devastados por la guerra, se armaron de valor y, literalmente, tomando solo lo esencial como equipaje, se embarcaron en una aventura. Ahora nos tocó a nosotros saber lo que se siente. Vivir en otro país, otro continente, a miles de kilómetros  entre su nueva realidad y lo que hasta ese momento había sido su vida.

Venezuela, de país receptor a país exportador de valores humanos.

Venezuela se convirtió en un país de emigrantes, y no hubo necesidad de una guerra como tal para ello. La batalla que libramos los venezolanos no es en un campo de batalla, ni es con bombardeos aéreos, o tropas y tanquetas por las calles. Nuestra batalla es contra la ambición de unos cuántos cuyo egoísmo y sed de poder y dinero son el enemigo. A pesar de la confianza que le brindó casi toda una nación hace 20 años, dejaron de cumplir con el deber que juraron ante Dios y la propia República, lo cual degeneró en una situación de emergencia total en nuestro país. Nuestra batalla es en el supermercado,  cuando no conseguimos alimento. Es en la farmacia, cuando no conseguimos la medicina necesaria. Es en el hospital, cuando no hay insumos para el tratamiento, o en la clínica, cuando no tienes el dinero que piden para ingresar. A esto le sumamos una inseguridad que se convierte en paranoia, poder adquisitivo que no puede competir con la inflación galopante. Nos robaron nuestro estilo de vida tranquilo, de compartir con familia y amigos. La devastación del país es económica, moral, familiar, social, emocional.

Sin temor a equivocarme, podría decir que el 90 por ciento de las familias en el país tienen, al menos, un miembro que emigró. Un hijo, un sobrino, un hermano, un tío, el padre o la madre. El país que recibió tantas historias extranjeras y las hizo suyas, ahora las ve marchar junto a sus hijos cada día. Esas historias que le escuché a mis vecinos portugueses o a mi suegro, italiano, son las que cuentan los inmigrantes venezolanos. Esos que desde hace más de quince años están emigrando, aunque solo desde hace dos es que se ha vuelto viral nuestra diáspora.

Lejos del terruño, pero no ausentes.

Hoy mi hermana menor decidió marcharse también, a unirse a quienes ya están construyendo una nueva vida en otro país.  Así lo hicieron antes mi hermano y su familia, una parte de mis tíos y primos, e infinidad de amigos. A ser parte de ese conglomerado que ríe, llora, celebra con su gente a través de skype y whatsapp. Las nuevas familias cibernéticas que tienen un smartphone o una laptop como bien más preciado en su hogar. Sin duda la tecnología acorta la distancia y aligera la nostalgia. Pero como le dijo un buen amigo a su hijo: » Ni mil llamadas por skype sustituyen un abrazo tuyo»

El corazón de los venezolanos está repartido entre todos los países que han recibido a sus seres amados. Hace ya tiempo que no está completamente aquí, tanto de los viajeros, como de quienes aún seguimos en nuestro terruño. Oramos  con mucha fé a Dios por un milagro que nos devuelva esos pedacitos de corazón que están dispersos por el mundo.

Aprendamos de una vez la lección de vida, no nos engañemos más y reconozcamos nuestros errores, para enmendarlos. La reconstrucción de Venezuela no es sólo económica y social, también es espiritual y emocional. Y para ello debemos comenzar a reconstruirnos nosotros mismos como ciudadanos, como seres humanos.

«Puse en el Señor toda mi esperanza: El se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor» Salmos 40:1

Vilma Sánchez Affigne

8 Comments
  • Roosevelt Gordones (@gordonesroo)
    Posted at 17:01h, 02 marzo Responder

    ¡Te felicito por esta estupenda iniciativa!

    Qué chévere se siente ver a los alumnos aprender, crecer y desarrollarse. ¡Vas encaminada, con este genial blog!

    ¡A difundirlo por todas partes y que lo lea todo el mundo!

    • Vilma Sánchez
      Posted at 20:22h, 02 marzo Responder

      Gracias Roos!He sido privilegiada al tenerlos de tutores a tí y Aura. No se puede pedir más!

  • Niury
    Posted at 06:18h, 26 febrero Responder

    Te quiero Vilma! Ese guayabo lo vivimos todos los venezolanos, sin importar el lugar del mundo en el que nos encontremos. Besos…

    • Vilma Sánchez
      Posted at 13:42h, 26 febrero Responder

      Así es mi amiga! Es una sensación que, dicen quienes llevan largo tiempo fuera del país, se suaviza con el tiempo, pero no se desprende nunca del corazón.

  • Vanessa
    Posted at 08:46h, 25 febrero Responder

    Hermoso, Vilma. Vale la pena que escribas también el otro lado de la historia. Todos esos sueños que no pudieron hacerse realidad en Venezuela, se hacen realidad en el pais que nos recibe. Siempre viéndole el lado positivo a las cosas, esto ha sido una oportunidad que muchos nunca imaginaron.

    • Vilma Sánchez
      Posted at 13:39h, 26 febrero Responder

      Así lo haré Vane, sólo debo documentarme más, conocer las historias y hablar con los protagonistas para que me autoricen a presentarlos como ejemplo de esa otra cara de la diáspora, afortunadamente feliz.Un beso!

  • Vivian
    Posted at 12:44h, 22 febrero Responder

    Bello escrito Vilma! Aún quedan muchas historias por contar, de momento, reconociendo el nuevo territorio, un día a la vez! Pero todo bien!

    • Vilma Sánchez
      Posted at 13:43h, 26 febrero Responder

      Que Dios te siga bendiciendo en abundancia, y el éxito siempre vaya de tu mano en esta nueva etapa, mi hermana! TQM.

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